5 oct. 2014

Esto no es para mí


Es siempre la misma escena, después de sexo, rock, drogas  y un poco de alcohol empieza otra conversación más de su vida. Llorando, comiendo, chillando me habla de su niñez, de su adolescencia y del día de ayer. Minuto a minuto, escucho mil palabras, segundo a segundo, se derraman lágrimas. Todos se miran.
Es siempre la misma escena, cada noche Renato se sienta, cada noche Renato me mira, cada noche Renato calla y suspira. Hace un año lo conocí en un gira de su banda, ahí estaba Miguel con la primera guitarra, Manuel con la estruendosa batería y Renato con la voz hermosa. Lo miré, me acerqué y lo besé, tal como lo hacían las chicas más locas que lograban esquivar a los guardias. Sin embargo, me cogió del brazo y esa misma noche me invitó a su camerino. Del poco descansar y mucho tomar, conversamos sobre nosotros, sobre la música, sobre el amor.

Pasaron los segundos, minutos, horas, meses y hoy cumplimos un año. Sigo con él.
Nadie me dijo cómo iba a ser esto, nadie me había humillado tanto en mi vida, nadie me obligó a seguir este camino, nadie me empujó a ese escenario. 



Es siempre la misma escena, miro hacia arriba mientras él me habla, miro hacia arriba mientras doblo mis piernas, suavemente, miro hacia arriba mientras sueño otras escenas. Escenas de un mundo donde no existe hambre, sed, dolor, gritos, cansancio o límites para el placer. Un mundo justo.
Cuando era más joven, mi madre me decía: “después de una terrible tormenta, siempre sale el Sol”,  pero solo  veo nubes grises en mi vida, ya no soy la misma, ya nunca seré la misma. Sólo veo rejas de prisión, sábanas sucias, comida esparcida y dinero de mentira. Nada de esto me hace feliz, poco a poco, voy cansándome. Estoy harta. 
Es siempre la misma escena, no puedo estirar las piernas por los vidrios rotos, condones usados, cigarrillos terminados, perfumes baratos. Día tras día, intrigada, asustada, despeinada y delgada me veo frente al espejo. Entablo peleas con mi estúpida conciencia, con mis  viejos recuerdos, con mis fantasiosos sueños, con mis olvidados desafíos.
Necesito cambiar este estilo de vida, necesito coger fuerza y mirar de frente a mis problemas, necesito volver a encontrar a mi otro yo y  salir de este dilema. Esto no es para mí.

Hoy y ahora, he decidido que ya no seguiré con esto en mi vida: Renato con sus típicas charlas, el gerente del hotel quejándose cada fin de semana y mi madre  sufriendo por esta mala pasada. Esta es la última noche de madrugada que digo en mi mente, con los ojos mirando hacia arriba: “Es siempre la misma escena”.





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