17 may. 2015

QUERIDA..

Llegó cansado, una noche de calor.
Sacó una cerveza y a su esposa llamó
"¡querida!", pero ella no respondió.
Prendió la televisión y caminó hacia la cocina
Habían dos bolsas de mercado y unas monedas cerca a la alcancía.
Con el ceño fruncido a su esposa llamó
"¡querida!", pero ella no respondió.
Cogió dos huevos y los reventó
echó mucho aceite y un poco de sal.
Apagó la hornilla y buscó un plato
pero al abrir la gaveta solo encontró al gato,
negro
herido
sangrando
dando éste
sus últimos llantos.
La sangre bajando, y su mente traicionándolo,
miró hacia las escaleras, y la llamó
"¡querida!", y ella respondió.
A su espalda, le sonreía
en su oído gemía
y su aliento ácido sentía.
Volteó hacia ella  y a nadie encontró.
Hacia la puerta corrió, entre saltos y resbalos
cogió su sacó y con cuatro llaves la cerró.
Con hambre y frío sacó su encendedor
y echó con el fuego todo su honor.
Mas, antes de poder soplar al viento su primera pitada
vio a través de la ventana
como su máximo escarmiento
y sin poder ser peor,
a su mujer colgada.

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